Mi medio principal es el dibujo, desde hace cinco años emprendí una producción pictórica en torno a la representación del cuerpo femenino.

Me interesa mostrar el cuerpo como un signo, un gesto comunicante.

Existen dos grandes razones por las que mi obra gira en torno al cuerpo: la primera, porque este tema ha sido una constante de reflexión en mi vida, desde aquella crisis existencial que tuve cuando era niña, sobre porque algo tan insignificante–en comparación al tamaño del universo–como nuestros cuerpos, también lo es todo, el vehículo mediante el cuál existimos y que al mismo tiempo es tan vulnerable. También al impacto que tuvo en mi vida la primera experiencia de acoso en la calle que me obligó a pensar en mi cuerpo de una manera diferente y replantearme su relación con el resto del mundo e ir acomodando esas experiencias y pensamientos mientras recibía una educación religiosa que estigmatizó mi cuerpo y mi sexualidad durante mucho tiempo.

Por eso me hace todo el sentido utilizar el cuerpo como un símbolo de resiliencia.

La segunda gran razón es porque la historia de las imágenes que abordan el cuerpo femenino es una de las más extensas en la historia del arte y también la más consistentemente controlada por instituciones que han establecido los límites de las sexualidades correctas y en función de estas, también sus representaciones. Cabe mencionar que en su mayoría han sido hechas por artistas que la sociedad clasifica como hombres. En este momento histórico donde la figura del feminicidio y la violencia hacia los cuerpos y la psique de las mujeres y otras identidades ha tomado un estado público, sin precedentes, pienso que es importante reclamar estas representaciones, proponer nuevas maneras de percibir nuestros cuerpos.

Dibujar es mi trinchera.